Naturaleza refugio

Imagen centrada

Presencia paraíso

Cerámica. 27x 29x 11 cm.

A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado incansablemente la felicidad y la liberación del sufrimiento. En distintas épocas y culturas, este anhelo ha tomado formas diversas: la meditación y el yoga como caminos hacia la quietud mental, la ascesis como renuncia a lo superfluo, la filosofía como intento de comprender la existencia, e incluso el uso de sustancias para modificar la percepción de la realidad. Hoy en día esta búsqueda se ha vuelto más fragmentada y paradójica. Mientras algunos exploran disciplinas espirituales tradicionales, otros lo hacen a través del entretenimiento constante, el consumo inmediato o la hiperconectividad digital. 

En todos los casos el bienestar es algo que se aspira a conquistar o poseer, y está siempre más allá. 

Los animales, en cambio, no buscan. No luchan por estar en el aquí y el ahora; simplemente existen, habitando el instante con una entrega que no requiere método ni esfuerzo. Y entre todos los animales, sin necesidad de buscar muy lejos, podemos observar a los perros. En ellos la conciencia es simple y completa. 

Pero hay algo más que los perros nos enseñan de forma evidente: la capacidad de relacionarnos desde la sencillez y la honestidad. 

Sin embargo, esta no es una enseñanza externa: no se trata de que los animales posean algo que nos falta, sino simplemente de reconocer que nosotros mismos somos naturaleza. 

Esto se hace aún más evidente en tiempos de crisis, cuando la ilusión del control se derrumba. 

Es ahí donde los animales se convierten en espejos de algo que ya está en nosotros, esperando ser reconocido.